en Toponimia

El Dante (verdadero), La Pedriza de Manzanares el Real (Sierra de Guadarrama)

El carácter enigmático que envuelve a La Pedriza no solo se lo ha ganado por lo intrincadas de sus sendas; o por lo que ocultan sus peñas, canchos o riscos, y que descubriríamos al sortear callejones, cuevas y corredores; tampoco se debe, únicamente, al cobijo que fue de bandoleros, ni a las leyendas que protagonizan rincones de este mágico paraje. Este halo de misterio que la corona se debe en parte a las formas de muchas de las rocas que la componen, y que la imaginación humana en algunos casos ha querido identificarlas con seres animados (Elefante, Pájaro, Foca, Tortuga, Camello, Caracol, o Cocodrilo), en otros con elementos inertes (Yelmo, Maza, Bota, Cáliz, Caballo de Ajedrez, Alfil, Torres, Platillo Volante, Vela, Campana), y en ocasiones con sujetos o elementos de su organismo (Predicador, Indio, Mujer y Hato, Centinela, Damas, Hombre Sentado, Cara, Calavera, Muela); si bien en unos el parecido es evidente y no deja lugar a dudas, en otros hay que soltar las riendas de la imaginación para ver lo que en su día alguien decidió dar el bautismo toponímico.

Y en esto de dar nombre a las rocas, los montañeros (en todas sus especialidades) siempre han sido gustosos en dejar su “firma”, desde los mismos pioneros y descubridores de La Pedriza, hasta los tiempos más actuales. Así a lo que los pastores llamaban “Placilla”, precursores como Constancio B. de Quirós registró en una de sus publicaciones como Corral Ciego; o como el Peñalarco pasó a denominarse Hueso; o los canchos Rasgao, Postigo, Losillo se transformaron en Mogote de los Suicidas, Peña Sirio, Tortuga respectivamente; o el Navajuelo pasó a nombrarse los Guerreros; o como el propio Constancio tomó el camino inverso rescatando el ciclópeo Yelmo, del Diezmo que le habían implantado los que ignoraban el antiguo topónimo registrado en el “Libro de la Montería”.

 

Pero no solo en La Pedriza conviven peñas con más de un nombre, se llega a dar el caso inverso de riscos que utilizan el mismo nombre para ser designado, y entre estos últimos se encuentra El Dante, cuyo topónimo es compartido en la actualidad por dos peñas pedriceras. Al ser uno curioso en estos temas, y sin pretender ser “abanderado” de la verdad pura y absoluta (que posiblemente no exista), puse la “maquinaria” en marcha en busca de las raíces, o mejor dicho, de los datos mas antiguos sobre el asunto en cuestión.

 

 

Buscando primeramente la localización exacta de la peña de El Dante (que sabiendo de su existencia desde tiempo ha, no había ubicado aun) me llevé la sorpresa que El Dante que aparecía en diversas publicaciones de montaña era el de los escaladores, junto al Risco del Campo Santo o Cancho de los Muertos (un ejemplo más del cambio de topónimo), lo que no despejaba las dudas ya que no se correspondía con las antiguas fotos de la efigie pedricera publicadas a comienzos del siglo XX, ni con la breve descripción que Un Montañero hacía por el 1930 en su publicación “Guadarrama, Guía de la Sierra” donde decía: “…y la gran piedra llamada Peña del Dante, porque tiene la silueta de un rostro humano, alargado y con rasgos que son característicos al glorioso autor de la Divina Comedia…” Y cierto es que el parecido del rostro del peñasco con la figura de Dante, que Rafael Sanzio inmortalizó en el fresco de El Parnaso que decora la Estancia del Sello, en el Palacio Apostólico de la Ciudad del Vaticano, es incuestionable.

 

 

Afinando la investigación conseguí acotar la zona donde supuestamente debía encontrarse el objetivo, por lo que solo quedaba ponerse a caminar e ir a su encuentro. No fue excesivamente difícil dar con él, es más, me resultaba inexplicable como habiendo pasado en varias ocasiones tan cerca, no me percaté de su presencia (cosas que pasan). Localizado al fin, el “verdadero” Dante, ya solo quedaba admirarlo, contemplar aquella obra de la naturaleza, que dirían los científicos, tallada al antojo del viento y el agua. Observando este capricho natural, me preguntaba sino sería más poético atribuir aquella obra a la leyenda que contaban antiguamente los pastores de la zona, sobre los seres que habitaron las dos Pedrizas (anterior y posterior) cuando el hombre aun no pisaba la tierra, pero dudo que los cíclopes que ocuparon ambas Pedrizas esculpieran la roca con la silueta de algo que no conocían.

 

 

Un enigma más de este Dante pedricero es el motivo por el que un artista como Antonio Prast decidió representarlo en los comienzos del siglo XX (tanto en fotografía como en acuarela) mirando a la diestra, cuando sobre el terreno el dantesco perfil solo es perceptible mirando este a la siniestra; es decir, desde la posición del observador con la vista puesta al S (hacia el embalse de Santillana y Cabeza Illescas) solo percibiremos el rostro del autor de “La Divina Comedia” con la mirada a naciente. Entonces ¿forzó Prast la reproducción de la Peña en todas sus publicaciones en la misma posición que aparece Dante en el fresco de Rafael?.

 

A la izd. Dante en El Parnaso de Rafael (Estancia del Sello, Ciudad del Vaticano)
A la derch la peña de El Dante representada en acuarela por Antonio Prast (anuario CAE 1942)

 

Y puesto a seguir interrogándome ¿acaso no era coincidente la escenificación de Rafael de lo nuevo y lo viejo en El Parnaso, con el “cuadro” que estaba contemplando, donde lo viejo aparece representado por El Dante de roca y lo nuevo por una presa con embalse, más unas torres con la frenética ciudad que las alberga, como símbolos de los tiempos antiguos y modernos? Sea como fuere este Dante ha visto pasar ante él pastores, quizás bandoleros, y varias generaciones de montañeros durante más de una centuria; vio construirse el embalse de Santillana, y observó impasible el crecimiento de la capital. Dudo que los primeros bautizaran la peña, acto más propio de personajes con un carácter más erudito e instruido en las Artes, por lo que es de suponer que la roca fue bautizada por alguno de los pioneros que se aventuraron a penetrar en La Pedriza; teoría que cobra fuerza al leer las palabras de Prast en el relato de una excursión por La Pedriza en 1912: “…Si la masa granítica á que hemos llegado es digna de admiración por algún concepto, hacemos fotografías, nos preocupamos de su denominación en el lugar, y si no la tiene se la ponemos, procurando siempre acomodar sus nombres á su figura, sin acudir á nombres indescifrables para los coterráneos…”.

 

Sin pretender perturbar por más tiempo el sosiego que lleva viviendo la Peña, me retiro de la Pedriza con el pensamiento puesto en el paralelismo que han seguido, con el pasar de los años, la popularidad decreciente de la Peña, y el insuficiente reconocimiento del artista que la fotografió y pintó, para deleite de quienes no tenían conocimiento de su existencia. Hoy en día, tanto El Dante, como Antonio Prast, continúan instalados en el olvido o desconocimiento de muchos, y el recuerdo de unos pocos.

 

Antonio Prast Rodríguez de Llano, datos biográficos: Miembro del grupo fundador del Club Alpino Español (junto a Manuel González Amezua), primer secretario de su junta y dos veces presidente del CAE. Fue uno de los organizadores del V Congreso de Turismo Internacional celebrado en 1912, condecorado con la Cruz de Alfonso XII, en 1942 le es otorgada por la Federación Nacional de Montañismo la Medalla de “Hiatorial Alpino”. Su formación en bellas artes le llevo en los comienzos del siglo XX a representar la Sierra de Guadarrama bajo el objetivo de su cámara y el trazo de su pincel, sin dejar de lado la pluma colaborando en revistas como “Alrededor del Mundo”, “Gran Vida”, o “España Automóvil y Aeronáutica”, entre otras publicaciones. Persona modesta y más dada a la soledad que a la conversación, cuya figura y labor quedo en el olvido y su recuerdo diluido con el paso de los años. D. Antonio fue uno de los personajes más importantes en el descubrimiento y divulgación de la Sierra de Guadarrama.

 

BIBLIOGRAFÍA

Alrededor del Mundo, “Los Cantos de la Pedriza”, Antonio Prast. nº 669 de 1912 (archivo Biblioteca Nacional).

España Automóvil y Aeronáutica, “La Pedriza de Manzanares”, Antonio Prast. nº 8 de 1912 (archivo Biblioteca Nacional).

La Esfera, “Paisajes de la Sierra Las Pedrizas de Manzanares”, L. Alonso. nº 218 de 1918 (archivo Biblioteca Nacional).

Gran Vida, “El Gran Museo”, Antonio Prast. nº 186 de 1918 (archivo Biblioteca Nacional).

La Pedriza del Real de Manzanares, Constancio Bernaldo de Quirós. Ed. Comisaría Regia del Turismo y Cultura Artística, Madrid 1923.

Alrededor del Mundo, “Formas curiosas del granito en el Guadarrama”, Juan Almela Meliá. . nº 1462 de 1927 (archivo Biblioteca Nacional).

Guadarrama, Guía de la Sierra, por Un Montañero. Ed. Librería de la Vda. de J. B. Bergua, Madrid 1930.

Anuario del Club Alpino Español, 1942. Ed. CAE.

ABC, “Don Antonio Prast, de los Galayos a La Pedriza y el Alpino”, por Luis de Armiñan. Diario ABC del 14-6-1961 (Hemeroteca).

©Texto y fotografía de Rafael Rodríguez